La migración ante la pandemia de COVID-19



“La migración es un fenómeno que ha existido siempre. El cambio climático, la demografía, la inestabilidad, las desigualdades cada vez mayores y las aspiraciones a una vida mejor, así como las necesidades no satisfechas en los mercados laborales, nos indican que la migración seguirá existiendo. Necesitamos que la cooperación internacional sea eficaz en la gestión de la migración para asegurarnos de que sus beneficios se distribuyan de la manera más amplia y de que los derechos humanos de todos los interesados estén debidamente protegidos.”

- Antonio Gutiérrez, Secretario General de las Naciones Unidas


Dieciocho años después de proclamar el Día Internacional del Migrante, el número de hombres, mujeres, niños y niñas en movimiento no deja de aumentar. Dieciocho años después, la cantidad de migrantes internacionales asciende a prácticamente 258 millones de personas. Ahora, hay otros 40 millones de desplazados internos debido a conflictos, y cada año millones de personas (18,8 millones en 2017), se ven obligadas a abandonar sus hogares a raíz de desastres climáticos o naturales.1

México, por su localización geográfica y frontera con Estados Unidos, se ha convertido en un país donde se combinan varios flujos migratorios tales como: emigración o expulsión de migrantes, retorno de migrantes, tránsito de migrantes irregulares, y de destino para migrantes de varias nacionalidades.2 Tan sólo en el 2017, más de 26 millones de personas transitaron por la república mexicana.3

La pandemia de COVID-19, así como las medidas de contención y mitigación implementadas para abordarla, pueden afectar de manera desproporcionada a los migrantes. Las restricciones de movimiento, el cierre de fronteras, el endurecimiento de las políticas migratorias, la pérdida de fuentes de empleo y la estigmatización afectan especialmente a esta población, mientras que, en paralelo, exacerbaron sus vulnerabilidades.4

Incluso antes de esta emergencia sanitaria, los migrantes en México ya enfrentaban mayores barreras para acceder a servicios legales, de salud y otros servicios públicos en comparación con la población local; por tanto, poca posibilidad de ejercer sus derechos.

Además, los migrantes están sujetos a un alto nivel de violencia mientras se encuentran en tránsito hacia los Estados Unidos. Quienes viajan en condiciones migratorias irregulares son blanco de una violencia aún mayor, una condición agravada por la desigualdad de género.5 Del número total de migrantes que sufrieron algún tipo de violencia durante el tránsito, sólo el 13.9% reportó el evento a las autoridades u organizaciones sociales.5

Aunado a todo esto, ahora los migrantes y los solicitantes de asilo en México tienen un mayor riesgo de contraer enfermedades respiratorias infecciosas y podrían verse afectados de manera desproporcionada por la COVID-19.6

Esto demuestra la importancia de seguir monitoreando la situación sobre el estado migratorio, las condiciones de vida y otros determinantes de la salud de los migrantes; así como implementar estrategias que promuevan y protejan los derechos humanos de los migrantes y que garanticen el acceso a la atención médica y legal cuando sea necesario durante todo el proceso de migración de estas poblaciones. También, el monitoreo en refugios y asentamientos informales para identificar brotes de COVID-19 de manera oportuna.

La celebración del Día Internacional del Migrante, este 18 de diciembre, brinda la oportunidad de pensar en esas personas que dejaron sus hogares en busca de una vida mejor y de reiterar cuán importante es el respeto de los derechos y la dignidad de todos.

Redacción  CENIDSP



Fuentes




Última actualización:
jueves 17 diciembre 2020 12:18:35 por Webmaster INSP