Viviendo bien con enfermedad renal


Ser diagnosticado con enfermedad renal puede ser un gran desafío, tanto para el paciente como para las personas que lo rodean. El diagnóstico y manejo, particularmente en las etapas avanzadas de la enfermedad renal, impacta severamente en sus vidas al reducir su capacidad, y la de sus familiares y amigos, para participar en actividades cotidianas como el trabajo, viajar y socializar, al tiempo que causa numerosos efectos secundarios problemáticos, como fatiga, dolor, depresión, deterioro cognitivo, problemas gastrointestinales y problemas para dormir.1

En 2017, se reportó una prevalencia de enfermedad renal crónica (ERC) del 12.2% y 51.4 muertes por cada 100 mil habitantes en México.2 Además, la ERC en México está teniendo un gran impacto en las finanzas de las instituciones y en la economía de las familias; en 2014, el gasto en salud anual medio por persona para esta patología se estimó en 8,966 dólares estadounidenses (USD) en la Secretaría de Salud, y de 9,091 USD en el Instituto Mexicano del Seguro Social.3

El problema en su mayor parte es consecuencia de las enfermedades crónicas no transmisibles mal atendidas, que son la mayor carga para las instituciones de salud, entre las que se distinguen el sobrepeso, la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial sistémica, las dislipidemias, por mencionar las más importantes.4 El control de estos padecimientos es elemental para prevenir futuras alteraciones renales y disminuir la carga de morbi-mortalidad asociada a la enfermedad renal.

Este año, en el Día Mundial del Riñón, el objetivo es aumentar la educación y la conciencia sobre el manejo eficaz de los síntomas y el empoderamiento del paciente, con el propósito final de fomentar su participación en las actividades de la vida diaria.1

Las personas con enfermedad renal crónica tienen una probabilidad, aproximadamente, tres veces mayor que otras personas de presentar un cuadro de COVID-19 grave. Además, presentan mayor prevalencia de hipertensión y diabetes, afecciones que se asocian independientemente a una mayor mortalidad por COVID-19.5

Por esto, es esencial asegurar la atención de los pacientes con ERC y que los centros que prestan servicios de diálisis cuenten con los suministros necesarios para ello. Además, tanto los pacientes como sus familiares, u otros cuidadores, deben estar capacitados para lograr los resultados de salud y los objetivos de vida que sean significativos e importantes para ellos, especialmente ante la contingencia sanitaria por COVID-19.

Debemos ir más allá del status quo y avanzar en el enfoque centrado en el paciente en la investigación, la práctica y las políticas. El empoderamiento del paciente, la asociación y la mejora de las comunicaciones, combinados con un cambio de paradigma hacia un enfoque de la atención basado en las fortalezas, pueden inspirar confianza y esperanza en los pacientes de que pueden tener una buena vida con la ERC.1




Fuentes

Última actualización:
jueves 11 marzo 2021 09:18:58 por Webmaster INSP